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Origen subcultura gótica

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martes, 16 de diciembre de 2014

Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro, 
de su dueño tal vez olvidada, 
silenciosa y cubierta de polvo 
veíase el arpa. 

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, 
como el pájaro duerme en las ramas, 
esperando la mano de nieve 
que sabe arrancarlas! 

¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio 
así duerme en el fondo del alma, 
y una voz, como Lázaro, espera 
que le diga: «Levántate y anda!»

martes, 9 de diciembre de 2014

Rima V

Espíritu sin nombre, 
indefinible esencia, 
yo vivo con la vida 
sin formas de la idea. 

Yo nado en el vacío, 
del sol tiemblo en la hoguera, 
palpito entre las sombras 
y floto con las nieblas. 

Yo soy el fleco de oro 
cae la lejana estrella; 
yo soy de la alta luna 
la luz tibia y serena. 

Yo soy la ardiente nube 
que en el ocaso ondea; 
yo soy del astro errante 
la luminosa estela. 

Yo soy nieve en las cumbres, 
soy fuego en las arenas, 
azul onda en los mares 
y espuma en las riberas. 

En el laúd soy nota, 
perfume en la violeta, 
fugaz llama en las tumbas 
y en las ruinas hiedra. 

Yo atrueno en el torrente, 
y silbo en la centella, 
y ciego en el relámpago, 
y rujo en la tormenta. 

Yo río en los alcores, 
susurro en la alta yerba, 
suspiro en la onda pura, 
y lloro en la hoja seca. 

Yo ondulo con los átomos 
del humo que se eleva 
y al cielo lento sube 
en espiral inmensa. 

Yo, en los dorados hilos 
que los insectos cuelgan, 
me mezco entre los árboles 
en la ardorosa siesta. 

Yo corro tras las ninfas 
que en la corriente fresca 
del cristalino arroyo 
desnudas juguetean. 

Yo, en bosques de corales 
que alfombran blancas perlas, 
persigo en el Océano 
las náyades ligeras. 

Yo, en las cavernas cóncavas, 
do el sol nunca penetra, 
mezclándome a los gnomos, 
contemplo sus riquezas. 

Yo busco de los siglos 
las ya borradas huellas, 
y sé de esos imperios 
de que ni el nombre queda. 

Yo sigo en raudo vértigo 
los mundos que voltean, 
y mi pupila abarca 
la creación entera. 

Yo sé de esas regiones 
a do un rumor no llega, 
y donde informes astros 
de vida un soplo esperan. 

Yo soy sobre el abismo 
el puente que atraviesa; 
yo soy la ignota escala 
que el cielo une a la tierra. 

Yo soy el invisible 
anillo que sujeta 
el mundo de la forma 
al mundo de la idea. 

Yo, en fin, soy ese espíritu, 
desconocida esencia, 
perfume misterioso, 
de que es vaso el poeta.

Rima IV

No digáis que agotado su tesoro, 
de asuntos falta, enmudeció la lira; 
podrá no haber poetas; pero siempre 
habrá poesía. 

Mientras las ondas de la luz al beso 
palpiten encendidas; 
mientras el sol las desgarradas nubes 
de fuego y oro vista; 

mientras el aire en su regazo lleve 
perfumes y armonías; 
mientras haya en el mundo primavera, 
¡habrá poesía! 

Mientras la ciencia a descubrir no alcance 
las fuentes de la vida, 
y en el mar o en el cielo haya un abismo 
que al cálculo resista; 

mientras la humanidad, siempre avanzando 
no sepa a do camina; 
mientras haya un misterio para el hombre, 
¡habrá poesía! 

Mientras sintamos que se alegra el alma, 
sin que los labios rían; 
mientras se llore sin que el llanto acuda 
a nublar la pupila; 

mientras el corazón y la cabeza 
batallando prosigan; 
mientras haya esperanzas y recuerdos, 
¡habrá poesía! 

Mientras haya unos ojos que reflejen 
los ojos que los miran; 
mientras responda el labio suspirando 
al labio que suspira; 

mientras sentirse puedan en un beso 
dos almas confundidas; 
mientras exista una mujer hermosa 
¡habrá poesía!

Rima III

Sacudimiento extraño 
que agita las ideas, 
como el huracán empuja 
las olas en tropel; 

murmullo que en el alma 
se eleva y va creciendo, 
como volcán que sordo 
anuncia que va a arder; 

deformes siluetas 
de seres imposibles; 
paisajes que aparecen 
como a través de un tul; 

colores, que fundiéndose 
remedan en el aire 
los átomos del iris, 
que nadan en la luz; 

ideas sin palabras, 
palabras sin sentido; 
cadencias que no tienen 
ni ritmo ni compás; 

memorias y deseo 
de cosas que no existen; 
accesos de alegría, 
impulsos de llorar; 

actividad nerviosa 
que no halla en qué emplearse; 
sin rienda que lo guíe 
caballo volador; 

locura que el espíritu 
exalta y enardece; 
embriaguez divina 
del genio creador... 
¡Tal es la inspiración! 


Gigante voz que el caos 
ordena en el cerebro, 
y entre las sombras hace 
la luz aparecer; 

brillante rienda de oro 
que poderosa enfrena 
de la exaltada mente 
el volador corcel; 

hilo de luz que en haces 
los pensamientos ata; 
sol que las nubes rompe 
y toca en el cenit; 

inteligente mano 
que en un collar de perlas 
consigue las indóciles 
palabras reunir; 

armonioso ritmo 
que con cadencia y número 
las fugitivas notas 
encierra en el compás; 

cincel que el bloque muerde 
la estatua modelando, 
y la belleza plástica 
añade a la ideal; 

atmósfera en que giran 
con orden las ideas, 
cual átomos que agrupa 
recóndita atracción 

raudal en cuyas ondas 
su sed la fiebre apaga; 
oasis que al espíritu 
devuelve su vigor... 

¡Tal es nuestra razón! 
Con ambas siempre lucha 
y de ambas vencedor, 
tan sólo el genio puede 
a un yugo atar las dos.

Rima II

Saeta que voladora 
cruza, arrojada al azar, 
sin adivinarse dónde 
temblando se clavará; 

hoja que del árbol seca 
arrebata el vendaval, 
sin que nadie acierte el surco 
donde a caer volverá; 

gigante ola que el viento 
riza y empuja en el mar, 
y rueda y pasa, y no sabe 
qué playas buscando va; 

luz que en cercos temblorosos 
brilla, próxima a expirar, 
ignorándose cuál de ellos 
el último brillará; 

eso soy yo, que al acaso 
cruzo el mundo, sin pensar 
de dónde vengo ni a dónde 
mis pasos me llevarán.

Rima I

Yo sé un himno gigante y extraño 
que anuncia en la noche del alma una aurora, 
y estas páginas son de ese himno 
cadencias que el aire dilata en las sombras. 

Yo quisiera escribirlo, del hombre 
domando el rebelde, mezquino idioma, 
con palabras que fuesen a un tiempo 
suspiros y risas, colores y notas. 

Pero en vano es luchar; que no hay cifra 
capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh, hermosa! 
si, teniendo en mis manos las tuyas, 
pudiera, al oído, contártelo a solas.